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PRIMER ENCUENTRO EX-ALUMNOS DEL COLEGIO TERESIANO.
(Palabras de bienvenida de Julián
López-Brea)
  Nos hemos reunido para aunar
en el recuerdo lo que sin duda supuso, al menos en parte, el cimiento
de nuestras vidas, aprendizaje y vivencias en El Colegio Teresiano.
Un esfuerzo mental y estamos en los años 50, un Quintanar
muy distinto en cuanto a su aspecto y hábitos de vida del
actual, sin agua corriente ni red de alcantarillado, las cunetas
llenas de hierba en primavera, los apagones de luz, los aguadores
repartiendo el líquido elemento a cántaros desde la
HUERTA POSTRERA, los paseos en "EL ROCE", el quiosco de
la plaza, las novenas a la Virgen con altavoces en la glorieta,
el Cine Cervantes, la dureza de las faenas agrícolas a mano,
las máscaras perseguidas por la Guardia Civil en Carnaval,
los sabañones, la maquila, los inacabables lutos con los
mantos negros de las mujeres y las franjas también negras
en las mangas de las chaquetas y abrigos de los hombres y tantas
cosas que el tiempo se ha ocupado de dejar en eso, lejanos recuerdos
para los que los vivimos.

  En el otoño
de uno de los años de la primera mitad de aquella década
iniciábamos una nueva etapa en nuestras vidas, el comienzo
de lo que entonces se llamaba "enseñanza media",
¿Os acordáis? , pasada la Feria y en plena vendimia
cuando las calles del pueblo olían a lagar de las bodegas,
cuando al atardecer se dejaba sentir el bullicio de los vendimiadores
que, en carros o galeras, regresaban de su quehacer. Los viejos
tiempos de infancia y adolescencia en "EL TERESIANO",
las frías mañanas de invierno, bufanda tapando las
orejas, por la calle de Valencia camino del colegio, el salón
de estudio en el piso primero con sus largos bancos y el renqueante
sistema de calefacción, radiadores reumáticos destilando
agua; las láminas de anatomía y las vitrinas de la
clase de ciencias, el siempre polvoriento encerado del aula de matemáticas;
los vetustos mapas señalados por el puntero de aquel espigado
profesor de Geografía de bigotes rubios; los taburetes de
la clase de Literatura; el empedrado del patio del recreo, los apuros
de no llevar la lección aprendida -'Don Manuel, la hora.
Gracias Julián-; los primeros cigarrillos a escondidas; las
novelas de Marcial Lafuente Estefanía; las celebraciones
de Santo Tomás de Aquino con ceremonia religiosa a primera
hora y competiciones deportivas en la Plaza de Toros; las conmemoraciones
del Frente de Juventudes, "por el Imperio hacia Dios",
baños en Gilipinillas y partidos de fútbol en El Pradillo,
meriendas de Jueves Lardero en los Puentes de la Carretera de Madrid...
proyección lenta y grata de la nostalgia. Descubriendo paso
a paso un mundo de declinaciones -rosa rosae-, entre juegos del
caballito o de la péndola en el patio, el teorema de Pitágoras
y alguna que otra excursión al río; poemas de Espronceda,
velas a la Virgen de la Piedad en mayo y fatigas en las aulas del
Instituto de San Isidro en junio, exámenes de Reválida.
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